Dylan y el dia despues al premio Nobel

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Bob Dylan continuó la noche del jueves en Las Vegas sus presentaciones artísticas. Durante el concierto, en lugar de aprovechar para dirigirse al público, las luces se apagaban entre tema y tema. El artista ignoró las ovaciones de sus fans, que exclamaban: ¡Premio Nobel! en la que probablemente fue la primera vez que un grito así se escuchaba en un concierto de rock.

Como estaba previsto, el legendario roquero de 75 años subió al escenario del casino The Chelsea en Las Vegas sin pronunciar una sola palabra sobre el hito que supone el galardón. Ni sobre ninguna otra cosa.

El compositor nacido en Minnesota retomó el repertorio que interpretó en el concierto del pasado 7 de octubre en el festival Desert Trip, con clásicos de los 60 y los 70 como Rainy day women #12 & 35 y Tangled up in blue y hits más recientes como Make you feel my love del celebrado Time out of mind, de 1997.

Piano, guitarra y armónica

Enfundado en un holgado traje gris perla, con los focos formando una suerte de halo sobre su ensortijada y blanca cabellera, el primer cantautor galardonado con el premio más importante de las letras cumplió como un profesional, cantando con su rasgada voz marca de la casa mientras tocaba el piano, la guitarra y la armónica respaldado por su banda.

Sin embargo, cuando llegaron los bises, la melodía cambió. En un aparente reconocimiento al tributo que se rendía desde Estocolmo a su legado, abandonó el guión de su anterior concierto para interpretar su himno de protesta Blowin’ in the wind (1962), mientras unos 2 mil fans lo celebraban.

Después este enigmático artista, que ha provocado quebraderos de cabeza en generaciones de académicos empeñados en desentrañar los mensajes de sus letras, tomó prestado un hit de Frank Sinatra para cerrar: Why try to change me now (Por qué intentar cambiarme ahora), de su disco Shadows in the night.

Reconocido desde los años 60 como la voz de una generación, Dylan, como de costumbre, no se deja ganar por la nostalgia.

Muchos de los temas que interpreta –de High water (for Charley Patton) a Soon after midnight– pertenecen a discos grabados en este siglo.

En un ambiente cargado de blues, los espectadores pueden disfrutar a Dylan en la batería, la armónica y el piano –aunque no en la guitarra– durante aclamadas, pero menos conocidas canciones, como Simple twist of fate, Love sick y Make you feel my love. Nada de Mr Tambourine Man, Like a rolling stone o Subterranean homesick blues.

Como de costumbre, tampoco habló con el público. El prolífico cantautor, tan elocuente con la pluma, es sin embargo de pocas palabras. Incluso la Academia Sueca todavía no había podido hablar con él este viernes.

Y es que mientras las redes sociales se enzarzaban en el debate sobre si un cantautor merece realmente el Nobel de Literatura, Dylan guardaba silencio. Pese a las felicitaciones que le llegaron de colegas como Mick Jagger, Tom Waits y Ringo Starr, o del presidente Barack Obama, durante horas no hubo comentario alguno en sus cuentas oficiales. Hasta que finalmente se colgó un post con la noticia y la argumentación del jurado, sin más.

“Bob Dylan fue distinguido con el #PremioNobelDeLiteratura 2016 ‘por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición musical estadunidense’”, se leía en el mensaje que citaba textualmente a la Academia Sueca.

Y es que en realidad, su reacción no debería sorprender tanto.

Dylan ha sido merecedor de un rosario de galardones, entre ellos más de una decena de Grammys, un Óscar, el Pulitzer de honor, el Polar de Música, la Medalla de la Libertad, la Orden de las Artes y las Letras francesas y el Príncipe de Asturias de las Artes. Pero no siempre los ha agradecido públicamente.

Aunque en 1988 sí pronunció un breve discurso con motivo de su inclusión en el Salón de la Fama del Rock and Roll, en 2000 aceptó su Óscar a la mejor canción original por Things have changed vía satélite desde Australia. Y en 2007 tampoco viajó a Oviedo, España, para recibir el Príncipe de Asturias.

Te amamos, Bob, Leyenda

En la sala, hay hombres con sombreros de vaquero, espuelas y bigotes, como si fueran personajes de un western; un viejo roquero que se acoda en la barra luciendo bandana y chaqueta de cuero de motociclista para tomar una piña colada.

Te amamos, Bob, grita un fanático a través de una espesa barba, mientras Dylan se sienta al piano para interpretar uno de sus clásicos: Everybody must get stoned.

Leyenda, grita otro admirador tras escuchar Highway 61, revisited y It’s all over now, baby blue.

Pero en general, el público es el que podría esperarse en un concierto en un hotel de Las Vegas, que viste elegantemente informal y de buen comportamiento.

Disfruté el espectáculo. Fue algo corto, pero creo que se merece el premio, dijo Ray Staniewicz, de 65 años.

Ha hecho mucho por el movimiento pacifista desde los años 60, 70 y hasta hoy. La literatura, no sé, no estoy muy familiarizado, en honor a la verdad, añadió.

Gail Wolfe, de 70 años, llegó desde Vancouver con su esposo Norbert, de 74, y su yorkshire Suzy Q. Él realmente amaba a Dylan en los años 60, dice en alusión a Norbert.

Me gustaron mucho sus nuevas canciones. Me sorprendió, porque vine por nostalgia, pero lo que trajo es realmente bueno, dijo.

Es un poeta. Habla de lo que pasa en el mundo… Sus letras salen del corazón, afirmó.

FUENTE

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